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miércoles, 25 de julio de 2012

Soy tontita cuando no me dejan robar


Como es de esperarse en mí, siento gran frustración relacionada con mi trabajo, y no es porque las actividades propias del puesto (asistente) me molesten, en realidad me molesta la forma de conducirse de la gente. Es decir, en términos generales, no saben expresarse (ni hablar ni escribir), no saben lo quieren, ni entienden para qué están los demás dentro de la empresa. Para ser honestos, ni siquiera saben para qué diablos están ellos ahí y  cuál es el límite de sus obligaciones/derechos.

Todo esto viene a cuento porque ayer entregaron los teléfonos celulares de la empresa (es decir, los que la empresa paga y los trabajadores usan) y fue un relajo. Primero, una de las chicas, que llamaremos aquí Nena Hipócrita, quería un iPhone e iba a pagar la diferencia, pero no lo quería para usarlo en la línea corporativa, sino para dárselo a su marido (sí, eso se llama, de menos, fraude, de más, abuso de confianza tirándole a robo). Obvio, los teléfonos no pueden intercambiarse así, pues son corporativos y la compañía de celulares los bloquea para evitar (imagínense ustedes) que se cometa fraude con ellos. Así, cuando se lo expliqué a ella, montó en cólera:

(Todo con voz impostada de soy bien cabrona pero bien pendeja y me quejo y pobre de mí)

Lolita´s: Ya chequé y no se puede switchear el teléfono, ese equipo debe quedarse con la línea corporativa.
Nena hipócrita: Pero ¿por qué?
Lolita´s: Porque es un teléfono anclado a una línea corporativa, no funciona como las líneas personales.
Nena hipócrita: Pero es que yo no lo sé usar, y si no puedo usarlo en mi otra línea no lo quiero
(Pensé yo, si no lo sabes usar, no lo sabes usar, no tiene nada que ver con la pinche línea que tenga el teléfono… salvo que… ¡claro! Se lo vas a dar a alguien más, pinche ratera abusiva con cara de pendeja).
Lolita´s: Pues no se puede, lo siento.
Nena hipócrita: Entonces no lo quiero, no lo voy a pagar. Lo pedí sólo porque lo iba a usar en la línea personal, porque para la corporativa ya tengo una Blackberry y no quiero un iPhone.
Chico de los teléfonos: Mira, te vas a arrepentir, iPhone es la mejor marca de celulares, son muy amigables, no puedes no saber usarlo. O, ¿qué es lo que no sabes usar de ellos?
Nena hipócrita: (No contesta la pregunta) Pues no lo sé usar y no lo quiero. Lo regreso.
Lolita´s: No sé si se pueda hacer, vamos a tener que verlo.
Nena hipócrita: Sí, no me importa, yo no lo quiero.

¡¡PERO QUÉ CHINGADA MADRE LE PASA AL MUNDO!! Se puso bien pendeja porque NO PUDO ROBARLE A LA EMPRESA, y OBVIO, quien tiene que resolver todas esas pendejadas soy yo, porque en algún puto momento ellos creen que mi obligación es asistirlos a ellos, no a los jefes (y hacer lo que los jefes me digan, nada más).

Sin perder la puta sonrisa y tratando de no matar a nadie, me fui con el chico de los teléfonos a ver qué chingados podíamos hacer para resolverlo. Que tampoco es hazaña fácil, pero que parece que a nadie le importa, porque ellos son “superiores”… pinche grupo de pendejos imbéciles.


sábado, 21 de enero de 2012

Abandonado... por qué será...

Tiene mucho que no escribo en el blog, no sé qué relación guardan, en mi mente, tener trabajo y escribir en el blog, pero así me pasa, si no tengo trabajo, no tengo ganas de escribir aquí. Supongo que tiene que ver con que actividad genera actividad, blablabla.

Claro, después de 3 meses, tampoco me parece decente desaparecer así, sin más, porque uno debe exteriorizar lo que sucede, de alguna forma, seguir escribiendo, aunque nadie te lea (porque sé que prácticamente escribo para mí), porque es importante plasmarlo, sacarlo y poder observarlo, poseerlo de otra forma, objetivizarlo, lo que sea que implique escribir.

Desgraciadamente, mi ánimo hoy está muy apagado, mi abuelo murió la semana pasada (éramos muy pero muy unidos, mucho más unida a él que a mis padres) y hoy me pegó mucho la tristeza. Aún así, me parece que es tiempo de seguir escribiendo, ni más ni menos.

Si no, qué más da, todo quedará olvidado y, en mi vejez, ni yo recordaré lo que pensaba y quién era...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Si a tí te importa, dilo.

Ya sé que mis post´s últimamente van más por el lado frustrante y quejoso de mi existencia, pero es que a veces la vida me llena de frustración y no conozco otra forma de lidiar con ello que no sea expresándolo (por escrito o hablado). Así que, utilizamos este medio, para no hartar a quien me escucha (Ponciano no tiene la culpa de que viva yo en plena tragedia).

Ahora, este post está inspirado en lo que hace mi papá. No todo lo que hace, que no tengo idea de cuánto sea, pero sin duda no nos interesa completo, sólo la parte que me implica directamente (ja, o eso cree él, de ahí que escriba yo esto).

Todo comenzó hace mil años, cuando mi papá compró (que aquí significa que mi abuelo le pagó) un departamento para su esposa y dos bello hijos (mi hermano y yo). Todo estaba muy bonito, el departamento satisfacía las necesidades familiares, bla bla bla. Un día, sin importarnos los detalles, se divrociaron y, ella (la madre) pidió que le garantizaran legalmente que podría vivir en el departamento con sus hijos mientras los cuidara. Así quedaron las cosas y él se mudó a casa de sus papás (que aquí quiere decir a un departamentito que le construyeron ahí). Un par de años después, conoció a una jovencita y se casó con ella. La bella dama (que llamaremos, de aquí en adelante, Madrastra) tenía un hijo, de casi 4 años, que también formó parte de la nueva familia. Pasaron los años, y tuvieron otro hermoso retoño (que aquí quiere decir, mi hermanito bonito y precioso).

Pero, volvamos a la cuestión departamental. Como sabemos, él ya no tenía departamento, y no podía seguir en casa de sus papás con su nueva esposa e hijo, así que vivió en uno que su hermano menor le prestó y, unos años después, rentó otro. Así pasaron los años, él rentaba casas, departamentos, y muchos lugares para tener a su bella familia (integrada por 6 miembros). No había comprado otra casa, porque la Madrastra quería una casa ENORME en una colonia bastante, pero bastante, cara (claro, ella ni trabajó, ni trabaja ni trabajará), que mi papá no podía comprar.

Lleva ya 19 años casado con la susodicha y, justo este año, le aprobaron el préstamo para un departamento, al que pronto se mudará.

Ya tenemos los antecedentes, así que podemos comenzar con la quejada:

Un día, estaba yo, Lolita´s power, felizmente en mi casa, haciendo algo que no recuerdo, cuando recibí un mensaje al celular: Hijos Moisés de mi corazón, su padre y madre cparan pie fin el próximo jueves un departamento. Ya lo celebraremos! ¿Qué chingados significa eso? De verdad, ¿uno debe entender que compraron un departamento? Claro, yo me pregunto, ¿por qué lo compró con mi mamá y no con la Madrastra, que es su esposa? (esto es pura mulada, lo sé, pero igual me caga la madre que escriban así). Entonces, si es algo TAN importante ¿por qué mandan un puto mensaje al celular? ¿por qué no llama por teléfono? Vamos, que yo soy de la idea de que si algo es importante para tí, debes darle el respeto, importancia y trascendencia que merece, y ya después, esperar que los demás le den el mismo trato. No lo contesté, me molestó. (Y sí, le sumamos que hace dos años olvidó mi cumpleaños, y que el siguiente año sólo me mandó un mensaje por celular... padrísima la relación).

Así pasó el tiempo, y hace como dos meses comentó mientras desayunábamos él, mi abuelo, mi tía y yo, que ya se iba a cambiar de casa, a un departamento (nada dijo que era el que iba a comprar, ni nada de nada de nada). Yo lo dejé pasar como lo que era, un comentario indiferente. PERO, obvio, y para que esta historia tenga un conflicto, algo pasó: el domingo pasado, mientras desayunábamos los cuatro (los mismos que antes):
Papá: ¿No les angustia que ya me voy a cambiar de casa?
Tía: (No dijo nada, puso cara de "no me importa").
Lolita´s: Pues no, en realidad, nos es indisferente.
Papá: ¿Indiferente? ¿De verdad crees no te afecta?
Lolita´s: Pues sí, yo no voy a hacer mudanza, ni voy a empacar, ni vivo ahí, ni voy a vivir en el nuevo lugar. En realidad no me afecta en lo absoluto.
...
Casi pierdo la vida...

Pero es que ya ni la chinga, y lo digo muy en serio:
  1. ¿Cómo voy a saber yo que se muda a su departamento, esa bella chozita que compró?
  2. Si es importante para él, que sepamos que se muda a SU CASA, ¿por qué no lo dice?
  3. ¿Por qué juega a que nos va a afectar, cuando es EVIDENTE que no será así?
  4. Si está feliz, ¿por qué simplemente no lo dice tal cual?
Hiervo de enojo, me choca que la gente haga eso, medio diga las cosas y espere que uno entienda la importancia que tienen, le dé esa importancia, reaccione acorde, y además se emocione. NO NO NO. Si algo es importante para mí, es mi obligación darle ese trato y hacérselo saber a los demás. Ya estuvo bueno de tanta puta patología simbiótica.

Me hacen enojar, y mucho.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que Facebook nos quitó...

el contacto con el otro.

Así de terrible y sencillo, gracias al Facebook hemos perdido el contacto con los demás, con alguien en específico, con el mundo. Sí, nos "acerca" a personas que están lejos, o que por tiempo no podemos ver, pero en realidad ésta es una excusa, nos aleja de los demás, y no hay otra forma de verlo. Ahora, como estamos al día con lo que viven nuestros conocidos, ya no necesitamos llamarles, escribirles, verlos, no es necesario, con meterte media hora diaria al Facebook sabes qué están haciendo y cómo se sienten.

Es triste, no lo puedo ver de otra forma. A mí, que el contacto visual y la compañía me resultan indispensables para vivir, el Facebook me lastima, me duele. Ya nadie quiere dedicarle tiempo a los demás, porque ¿de qué hablarían, si ya leyeron en su perfil qué han hecho? Nos alejamos, evitamos todo... ¿para qué? ¿para poder vivir otras cosas, para seguir viviendo? ¿De qué sirve vivir si no convives con los demás, si no compartes los momentos importantes y los intrascendentes con las personas que quieres? 

Además, nos da la errónea idea de que estamos en contacto con muchísimas personas, algunas de las cuales no veríamos o sabríamos nada de lo que hacen. Pero, ¿por qué importa saber si el niño con el que fuiste a la primaria, hace 20 años, ahora hace cualquier tontería? Si no lo has visto en 10 o 15 años, ni has hablado con él, ni lo conoces (para resumir) ¿por qué importa? y, si importa ¿por qué no quieres convivir con él?

Terrible. Sobre todo, cuando sucede dentro de la familia, las noticias importantes las lees en el Facebook, nadie se preocupa por llamarte. Yo, por ejemplo, me enteré de que una de mis primas había dado a luz a su hija el viernes ante pasado gracias a Facebook (y está bien, porque no viven en el país, así que con ellas el contacto es más difícil), y eso no me importó, la verdad, pero ser yo quien le avisaba a mi tía (que viaja a USA para verlas una o dos veces al año, les llama, etc.), porque ellas no lo habían hecho, me partió el corazón.

Otro ejemplo, es enterarme de que uno de mis hermanos se va a vivir a USA en dos semanas. Sí, honestamente, no nos llevamos bien ni tenemos grandes sentimientos por el otro (yo, más bien, no lo quiero ni me importa lo que hace de su vida, pero él dice que yo a él sí le importo), pero eso no quiere decir que no debería llamar y avisar, por lo menos, que se muda de país. Pero, claro, no lo necesita hacer porque ya lo escribió en Facebook y así seguro, yo me enteré. De hecho, ya que está ahí, en Facebook, es MI obligación llamarle, decirle que ya me enteré, buscarlo, hacer algo... ¿qué pasa? ¿por qué la carga de la prueba cambia de bando si está publicado en Facebook? No lo entiendo. 

Me da la sensación de que el Facebook nos acerca a los demás, para conseguir justo lo opuesto: alejarnos de ellos. Obligar a que sea el otro quien nos busque, muestre interés por nosotros y nuestra vida...

No me gusta, ojalá y se terminara...



martes, 18 de octubre de 2011

¿Pero de quién es este sueño?

No, no es lo mío, trabajar en una pinche oficina en un horario fijo y que promueve la pendejez, no es lo mío. La verdad es que lo odio, y no, no es sin conocimiento de causa.

Por maravilloso que suene, mis primeros trabajos consistían en trabajar: realizar determinadas actividades y administrar el tiempo como me viniera en gana. Esto implicaba que yo tenía un fecha límite y podía hacer lo que quisiera cuando quisiera. Y así era... casi siempre: es decir: iba todos los días a la oficina, estaba dos o tres horas ahí, y a la hora de comer (llegaba después de la escuela, a medio día) salía corriendo, como alma que lleva el diablo. Puedo confesar que hubo una época en la que, por cuestiones de dinero (tenía otro trabajo) no iba a la oficina y realizaba todo el trabajo en casa. Claro, ni paso nada, ni el jefe se dio cuenta, ni nada de nada de nada. La verdad es que me hacía muy feliz ser dueña y responsable de mi tiempo y vida.

Sé que este tipo de trabajo no es para cualquiera, pero para mí, que soy la reina de la organización, planeación y creación de hipótesis fatalistas, es un sueño hecho realidad. El único problema es que estaba mal pagado... y que tuve que dejarlo.

Los siguientes trabajos, por múltiples cuestiones, tampoco fueron el ideal, hasta que llegó el teatro y todo parecía acomodarse, sabíamos que el camino era el adecuado y que sólo teníamos que aguantar un poco para que hubiese frutos... sí, cuando tienes el ingreso apretado y un montón de obligaciones, aguantar resulta imposible. Así que lo dejamos y decidímos que era mucho mejor un trabajo estable, con quincenas estables, y de asistente de dirección (porque es algo en lo que tenía experiencia). Había varios requisitos indispensables: que pagaran bien, que estuviera cerca, y que no implicara mil horas al día. Conforme pasaron los meses y la oferta de trabajo necesaria no llegaba, comencé a doblar mis requisitos... sí, el único que no quité fue el de la paga (porque para qué demonios voy a trabajar si no me va a alcanzar con lo que gano), así que terminé en un trabajo que no me gusta (ser asistente, más allá de que pueda hacerlo bien, no es mi sueño), en un horario largo, y lejos de mi casa... por el sueldo que tengo, estaba dispuesta a aguantarme, sobre todo porque además mi jefe NO parecía como los demás: era amable, educado, sonriente, con una idea racional de qué debes exigirle a un trabajador, que considera que no puede exigírsele al otro lo que tú mismo no puedes dar, etc.) . Hasta parecía un sueño hecho realidad, hasta que:
una pequeña omisión error de mi parte terminó con el jefe encantado...
Así de fácil, de un día a otro, dejó de hablarme, volteaba la cabeza para no mirarme cuando hablaba con él, era hostil y seco... feo. Un ambiente bastante feo (sobre todo si consideran que no tengo muchas cosas que hacer aquí) que me hizo recordar los malos trabajos que he tenido, pero sobre todo, que fomenta en mí una necesidad imperiosa de correr y escaparme de todo esto que está pasando, de no regresar a trabajar y buscar un trabajo más acorde con mi personalidad y necesidades, sólo que...

No lo encuentro, no sé ni dónde buscarlo, ni nada... me siento completamente perdida y muy frustrada porque estoy donde no quiero estar. Entiendo que si tienes broncas en la casa puedas distraerte en el trabajo, pero no puedes distraerte del trabajo en la casa, porque llegas cansado (sobre todo si sales  las 6:30 de la mañana y regresas a las 8:00 de la noche, después de 4 horas en el tránsito, 8 de "trabajo" y hora y media de comida) y lo único que quieres es prender la tele y volverte un pendejo que no piensa... no hay forma alguna de hacer algo más, de llegar a las 8 y decir "me vale, no voy a permitir que el pinche trabajo me haga infeliz, saldré a caminar, a tomar algo, a disfrutar un buen libro". No, yo no puedo (además, tengo que dormir 8 horas diarias si no quiero quedarme dormida en cualquier lugar, o estar despierta y de pésimo humor), en realidad los malos sentimientos me absorben, siento como se encarnan en mí y no me permiten dejarlos; necesito rumiarlos, pensarlos, analizarlos, hablarlos y después, inminentemente, buscar una solución. No puedo quedarme ahogada en esta sensación, me carcome.

Claro, también me carcome la culpa de tener casi 30 años y no tener un trabajo con antigüedad o estabilidad, de haber pasado los últimos 2 y medio sin un ingreso estable, de querer estudiar psicoanálisis y saber que mientras puedo ejercer (digamos, 3 o 4 años), tendré que chingarme y hacer algo que no me gusta... no, no puedo. No sé por qué es tan difícil encontrar un trabajo que se adecue a uno, no sé por qué todos (o casi todos) los trabajos están pensados para robots o autómatas, para alguien que no pretende vivir, sino trabajar. No no no, yo quiero y necesito algo diferente, pero no sé dónde encontrarlo ¿dónde contratan lectores? ¿dónde contratan alguien que sepa planear la economía familiar como el más grande estratega? ¿dónde te pagan bien y te exigen sólo 6 horas al día, o un horario funcional (de 7 am a 4 pm, por ejemplo)... ¿dónde los hay? y, si los hay, ¿por qué casi todos están mal pagados? ¿que de plano, si no somos pendejos, no tenemos derecho a disfrutar de la vida?

Lo odio.